SOLSTICIO DE VERANO y NOCHE DE SAN JUAN

By on septiembre 18, 2010

SOLSTICIO DE VERANO y NOCHE DE SAN JUAN

El 21 de junio se celebra en el hemisferio norte, el día más largo del
año. Definitivamente no es un día como los demás, la naturaleza, el
hombre y las estrellas se disponen a celebrar una fiesta, cargada de
gran poder y magia. Hadas y deidades de la naturaleza andan sueltos
por los campos; los agricultores dan gracias por el verano, las
cosechas, las frutas y por disponer de más horas para cumplir con sus
tareas y entregarse a la diversión. También es el momento justo para
pedir por la fecundidad de la tierra y de los mismos hombres; además
se debe comenzar a almacenar alimentos para pasar el otoño y el
invierno.

La celebración del solsticio de verano, es tan antigua como la misma
humanidad. En un principio se creía que el sol no volvería a su
esplendor total, pues después de esta fecha, los días era cada vez más
cortos. Por esta razón, fogatas y ritos de fuego de toda clase se
iniciaban en la víspera del pleno verano, o 20 de junio, para
simbolizar el poder del sol y ayudarle a renovar su energía.

En tiempos posteriores se encendían fogatas en las cimas de la
montañas, a lo largo de los riachuelos, en la mitad de las calles y al
frente de las casas.. Se organizaban procesiones con antorchas y se
echaban a rodar ruedas ardiendo colinas abajo y a través de los
campos.

A menudo se bailaba y saltaba alrededor del fuego para purificarse y
protegerse de influencias demoníacas y asegurar el renacimiento del
sol.

Se puede decir que todo empezó hace cerca de 5 mil años, cuando
nuestros antepasados, tan amigos de  observar  las estrellas, se
dieron cuenta que en determinada época del año el Sol se mueve  desde
una posición perpendicular sobre el Trópico de Capricornio, hasta una
posición perpendicular sobre el trópico de Cáncer. A estos días
extremos en la posición del Sol se les llamó solsticios de invierno y
verano, los cuales ocurren los días diciembre 21 y junio 21
respectivamente. Estas fechas corresponden al hemisferio norte, pues
en el sur es al contrario. El día que veremos al sol ponerse más al
sur es el 21 de diciembre y el día que lo veremos ponerse más al norte
es el 21 de junio. “Las fechas mencionadas son las típicas, pero puede
ser que en un año determinado caiga un día antes o después, debido a
las irregularidades del calendario, como los años bisiestos”. Hablando
propiamente del solsticio de verano, en esta fecha el eje de la tierra
está inclinado 23,5 grados hacia el sol. Esto ocasiona que, en el
hemisferio norte, el 21 de junio sea el día más largo del año.

En los antiguos mitos griegos a los solsticios se les llamaba
“puertas” y, en parte, no les faltaba razón. La “puerta de los
hombres”, según estas creencias helénicas, correspondía al solsticio
de verano (del 21 al 22 de junio) a diferencia de “la puerta de los
dioses” del solsticio de invierno (del 21 al 22 de diciembre).

SOLSTICIO DE VERANO Y DE INVIERNO: Hay dos momentos del año en los que
la distancia angular del Sol al ecuador celeste de la Tierra es
máxima. Son los llamados solsticios. El de verano es el gran momento
del curso solar y -a partir de ese punto- comienza a declinar. Antes
de cristianizarse esta fiesta, los pueblos de Europa encendían
hogueras en sus campos para ayudar al Sol en un acto simbólico con la
finalidad de que “no perdiera fuerzas”. En su conciencia interna
sabían que el fuego destruye lo malo y lo dañino. Posteriormente, el
hombre seguía destruyendo los hechizos con fuego.

Se ha asociado esta festividad al solsticio de verano, pero esto tan
solo es cierto para la mitad del mundo o, mejor dicho, para los
habitantes que viven por encima del ecuador (en el hemisferio norte)
ya que para los del sur el solsticio es el de invierno y ni tan
siquiera para todos ellos pues la fiesta de San Juan es patrimonio del
mundo cristiano. Aunque no crean que en los países orientales, con
ritos y creencias distintas, no se celebran estas fiestas conservando
en todas ellas la misma esencia: rendir un homenaje al Sol, que en ese
día tiene un especial protagonismo: en el hemisferio norte es el día
más largo y, por consiguiente, el poder de las tinieblas tiene su
reinado más corto y en el hemisferio sur ocurre todo lo contrario. En
cualquier caso al Sol se le ayuda para que no decrezca y mantenga todo
su vigor.

Este simbolismo era compartido por pueblos distantes, separados por el
océano Atlántico. Es el caso de los viejos incas en Perú. Los dos
festivales primordiales del mundo incaico eran el Capac-Raymi (o Año
Nuevo) que tenía lugar en diciembre y el que se celebraba cada 24 de
junio, el Inti-Raymi (o la fiesta del Sol) en la impresionante
explanada de Sacsahuamán, muy cerca de Cuzco. Justo en el momento de
la salida del astro rey, el inca elevaba los brazos y exclamaba: “¡Oh,
mi Sol! ¡Oh, mi Sol! Envíanos tu calor, que el frío desaparezca. ¡Oh,
mi Sol!” Este gran festival se sigue practicando y representando hoy
en día para conmemorar la llegada del solsticio de invierno, con un
claro tinte turístico. Los habitantes de la zona se engalanan con sus
mejores prendas al estilo de sus antepasados quechuas y recrean el
rito inca tal y como se realizaba (más o menos) durante el apogeo del
Tahuantinsuyo.

ORÍGENES PAGANOS: Ni que decir tiene que esta fiesta solsticial es muy
anterior a la religión católica o mahometana. Uno de los antecedentes
que se puede buscar a esta festividad es la celebración celta del
Beltaine, que se realizaba el primero de mayo. El nombre significaba
“fuego de Bel” o “bello fuego” y era un festival anual en honor al
dios Belenos. Durante el Beltaine se encendían hogueras que eran
coronadas por los más arriesgados con largas pértigas. Después los
druidas hacían pasar el ganado entre las llamas para purificarlo y
defenderlo contra las enfermedades. A la vez, rogaban a los dioses que
el año fuera fructífero y no dudaban en sacrificar algún animal para
que sus plegarias fueran mejor atendidas.

Otra de las raíces de tan singular noche hay que buscarla en las
fiestas griegas dedicadas al dios Apolo, que se celebraban en el
solsticio de verano encendiendo grandes hogueras de carácter
purificador. Los romanos, por su parte, dedicaron a la diosa de la
guerra Minerva unas fiestas con fuegos y tenían la costumbre de saltar
tres veces sobre las llamas. Ya entonces se atribuían propiedades
medicinales a la hierbas recogidas en aquellos días. El cristianismo
fue experto en reciclar viejos cultos paganos.

SÚBITAS APARICIONES Y DESAPARICIONES: En algunas leyendas piadosas,
hasta los santos aprovechan la víspera de este día para trasladarse
milagrosamente a otra parte. En nuestro mundo terrenal, encontramos
muchos casos de desapariciones bastante enigmáticas, esa noche se
abran las puertas interdimensionales, así como los encantamientos.

NOCHE DE SAN JUAN: Esta es una fecha en la que numerosas leyendas
fantásticas son unánimes al decir que es un período en el que se abren
de par en par las invisibles puertas del “otro lado del espejo”: se
permite el acceso a grutas, castillos y palacios encantados; se
liberan de sus prisiones y ataduras las reinas moras, las princesas y
las infantas cautivas merced a un embrujo, ensalmo o maldición; braman
los cuélebres (dragones) y vuelan los “caballucos del diablo”; salen a
dar un vespertino paseo a la luz de la Luna seres femeninos
misteriosos en torno a sus infranqueables moradas; afloran enjambres
de raros espíritus duendiles amparados en la oscuridad de la noche y
en los matorrales; las gallinas y los polluelos de oro, haciendo
ostentación de su áureo plumaje, tientan a algún que otro incauto
codicioso a que les echen el guante; las mozas enamoradas sueñan y
adivinan quién será el galán que las despose; las plantas venenosas
pierden su dañina propiedad y, en cambio, las salutíferas centuplican
sus virtudes (buen día para recolectar plantas medicinales en el
campo); los tesoros se remueven en las entrañas de la Tierra y las
losas que los ocultan dejan al descubierto parte del mismo para que
algún pobre mortal deje de ser, al menos, pobre; el rocío cura ciento
y una enfermedades y además hace más hermoso y joven a quien se
embadurne todo el cuerpo; los helechos florecen al dar las doce
campanadas…
En definitiva, la atmósfera se carga de un aliento sobrenatural que
impregna cada lugar mágico del planeta y es el momento propicio para
estremecernos, ilusionarnos y narrar a nuestros hijos, nietos o amigos
toda clase de cuentos, anécdotas y chascarrillos sanjuaneros que nos
sepamos.

Esta noche se abre la puerta que nos introduce al conocimiento del
futuro y a las dimensiones mágicas de la realidad. Es la noche en que
los entierros arden, el Diablo anda suelto y los campos son bendecidos
por el Bautista. En la mañana, muy temprano la gente se lava el pelo y
la cara con las aguas bendecidas y comienza a llamar, tres veces
consecutivas:

-¡San Juan!, ¡San Juan!, dame milcao (guiso de papas con manteca) yo
te daré pan.

La noche anterior dos han sido los eventos más importantes: el baile
del fuego y las pruebas. Algunas de estas pruebas son:

l. La joven que sale al amanecer y se encuentra con un perro su marido
será un goloso perro durante su vida.

2. Al salir, después de las 12, se encuentra con un gato negro es mala
suerte para el futuro, felicidad si el gato es de otro color.

3. Si a medianoche se hace una cruz en los árboles, producirán el doble.

4.. Si a las 12, mira la luna y después la higuera, la verá florecer.

5. La higuera y el “pesebre” (helecho) florecen esta noche. Quien
posea una de estas flores será muy afortunado.

6. Quien vea florecer la hierbabuena esta noche será muy afortunado
siempre que lo mantenga en secreto.

7. En la víspera se planta la flor de la hortensia, en un tarro con
tierra y agua. Luego se le hace un pedido poniendo fe en el bautismo
de San Juan.

8. Hay que lavarse las manos con agua de manantial para mantenerse
joven y el cabello para conservarlo hermoso. Esa noche las aguas están
benditas por el Bautista.

9. Cuando llueve esa noche o al día siguiente, va a haber abundancia
de manzanas.

10. Antes de la salida del sol hay que regar los árboles con agua de
manantial, para que den bastante fruta durante el año.

11. Para tener buena siembra hay que tirar un pedazo de vela la noche
de San Juan..

12. Para aprender a tocar guitarra hay que colocarse durante esta
noche bajo una higuera.

La noche y el amanecer, están dedicado a San Juan en un esfuerzo por
cristianizar las numerosas fuerzas que se manifiestan en esta mágica
jornada, en la que todas las sociedades tradicionales de Europa ponen
en marcha numerosos rituales de antiguo origen y profunda
funcionalidad cultural. La fiesta no es específica de localidades
concretas, sino que se extiende por toda Europa con diversas
variantes.

Un personaje–símbolo de la cristiandad y un astro presiden la
celebración. Por una parte el Sol que, según la tradición popular,
sale bailando al amanecer del día 24. Por otra parte el santo de la
fecha, San Juan, encargado de dotar de sacralidad a la fiesta, pero
que no ocupa lugar central en los rituales.

Contando con el Sol y San Juan como componentes básicos de la
celebración, en la noche y el amanecer sanjuaneros los hombres
manipulan diversos instrumentos simbólicos con la finalidad de luchar
contra los distintos males que perjudican a los humanos, a sus
actividades y a sus bienes a lo largo del año.

Fecha de transición astral que anuncia diversos cambios en la
naturaleza equivale a una ruptura de orden cósmica propiciadora de
emergencias del inframundo. Por eso la noche de San Juan es noche de
brujas, entes que pueden provocar numerosos males a los humanos.

La Noche de San Juan, la de las tradiciones mágicas, se caracteriza
por la multitud de hogueras que iluminan la noche. Los ciudadanos
arrojan a la hoguera antes de su encendido pequeños objetos, conjuros,
deseos e incluso apuntes del curso con el objetivo de hacer
desaparecer los malos espíritus.

La tradición de enramar las fuentes está relacionada con la
prosperidad, la abundancia y la fecundidad. La tradición dice que al
amanecer del primer día de verano, las mujeres recogían de las fuentes
la flor del agua con la esperanza de encontrar pareja, concebir hijos
o hacerse con poderes curativos. Al amanecer, cuando las mujeres iban
a la fuente, se cantaba a la flor del agua.

¿POR QUÉ SAN JUAN BAUTISTA?: San Lucas narra en su Evangelio que
María, en los días siguientes a la Anunciación, fue a visitar a su
prima Isabel cuando ésta se hallaba en el sexto mes de embarazo. Por
lo tanto, fue fácil fijar la solemnidad del Bautista en el octavo mes
de las candelas de junio, seis meses antes del nacimiento de Cristo.
(de hoy en seis meses – el 24 de diciembre – estaremos celebrando el
nacimiento de nuestro Redentor, Jesús).

Desde entonces se señaló esta noche como la de San Juan, muy próxima
al solsticio de verano que ha heredado una serie de prácticas, ritos,
tradiciones y costumbres cuyos orígenes son inmemoriales en toda
Europa y se han extendido por muchos pueblos de América. Lo paradójico
del asunto es que el 24 de junio se celebra la fecha del nacimiento
del Bautista, que en realidad no debería festejarse porque de los
Santos siempre se recuerda el día de su muerte. San Agustín hace la
observación de que la Iglesia celebra la fiesta de los santos en el
día de su muerte, pero que en el caso de San Juan Bautista, hace una
excepción y le conmemora el día de su nacimiento, porque fue
santificado en el vientre de su madre y vino al mundo sin culpa. Es
digno celebrarse su nacimiento, ya que fue motivo de inmensa alegría
para la humanidad tener entre sus miembros al que iba a anunciar la
proximidad de la Redención.

En el Evangelio de San Lucas se cuenta que su padre, el sacerdote
Zacarías, había perdido la voz por dudar de su mujer, Isabel,
estuviera en cinta.. Sin embargo en el momento de nacer San Juan la
recuperó milagrosamente, como se lo había predicho el ángel Gabriel.
Rebosante de alegría, la tradición religiosa dice que encendió
hogueras para anunciar a parientes y amigos la noticia. Cuando siglos
después se cristianizó esta fiesta, la noche del 23 al 24 de junio se
convirtió en una noche santa y sagrada, sin abandonar por eso su aura
mágica. Cuando el portavoz de la Redención nació, y Zacarías escribió
en una tablilla: “Su nombre es Juan”, el sacerdote recuperó
inmediatamente el habla y entonó el hermoso himno de amor y
agradecimiento conocido como “Benedictus”, que la Iglesia repite a
diario en su oficio.

El capítulo primero del evangelio de San Lucas nos cuenta de la
siguiente manera el nacimiento de Juan: Zacarías era un sacerdote
judío que estaba casado con Santa Isabel, y no tenían hijos porque
ella era estéril. Siendo ya viejos, un día cuando estaba él en el
Templo, se le apareció un ángel de pie a la derecha del altar.

Al verlo se asustó, mas el ángel le dijo: “No tengas miedo, Zacarías;
pues vengo a decirte que tú verás al Mesías, y que tu mujer va a tener
un hijo, que será su precursor, a quien pondrás por nombre Juan. No
beberá vino ni cosa que pueda embriagar y ya desde el vientre de su
madre será lleno del Espíritu Santo, y convertirá a muchos para Dios”.

Pero Zacarías respondió al ángel: “¿Cómo podré asegurarme que eso es
verdad, pues mi mujer ya es vieja y yo también?”.

El ángel le dijo: “Yo soy Gabriel, que asisto al trono de Dios, de
quien he sido enviado a traerte esta nueva. Mas por cuanto tú no has
dado crédito a mis palabras, quedarás mudo y no volverás a hablar
hasta que todo esto se cumpla”.

Seis meses después, el mismo ángel se apareció a la Santísima Virgen
comunicándole que iba a ser Madre del Hijo de Dios, y también le dio
la noticia del embarazo de su prima Isabel.

Llena de gozo corrió a ponerse a disposición de su prima para ayudarle
en aquellos momentos. Y habiendo entrado en su casa la saludó. En
aquel momento, el niño Juan saltó de alegría en el vientre de su
madre, porque acababa de recibir la gracia del Espíritu Santo al
contacto del Hijo de Dios que estaba en el vientre de la Virgen.

También Santa Isabel se sintió llena del Espíritu Santo y, con
espíritu profético, exclamó: “Bendita tú eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre. ¿De dónde me viene a mí tanta
dicha de que la Madre de mi Señor venga a verme? Pues en ese instante
que la voz de tu salutación llegó a mis oídos, la criatura que hay en
mi vientre se puso a dar saltos de júbilo. ¡Oh, bienaventurada eres Tú
que has creído! Porque sin falta se cumplirán todas las cosas que se
te han dicho de parte del Señor”. Y permaneció la Virgen en casa de su
prima aproximadamente tres meses; hasta que nació San Juan.

De la infancia de San Juan nada sabemos. Tal vez, siendo aún un
muchacho y huérfano de padres, huyó al desierto lleno del Espíritu de
Dios porque el contacto con la naturaleza le acercaba más a Dios.
Vivió toda su juventud dedicado nada más a la penitencia y a la
oración.

Como vestido sólo llevaba una piel de camello, y como alimento,
aquello que la Providencia pusiera a su alcance: frutas silvestres,
raíces, y principalmente langostas y miel silvestre. Solamente le
preocupaba el Reino de Dios.

Cuando Juan tenía más o menos treinta años, se fue a la ribera del
Jordán, conducido por el Espíritu Santo, para predicar un bautismo de
penitencia.

Juan no conocía a Jesús; pero el Espíritu Santo le dijo que le vería
en el Jordán, y le dio esta señal para que lo reconociera: “Aquel
sobre quien vieres que me poso en forma de paloma, Ese es”.

Habiendo llegado al Jordán, se puso a predicar a las gentes
diciéndoles: Haced frutos dignos de penitencia y no estéis confiados
diciendo: Tenemos por padre a Abraham, porque yo os aseguro que Dios
es capaz de hacer nacer de estas piedras hijos de Abraham. Mirad que
ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no
dé buen fruto, será cortado y arrojado al fuego”.

Y las gentes le preguntaron: “¿Qué es lo que debemos hacer?”. Y
contestaba: “El que tenga dos túnicas que reparta con quien no tenga
ninguna; y el que tenga alimentos que haga lo mismo”…

“Yo a la verdad os bautizo con agua para moveros a la penitencia; pero
el que ha de venir después de mí es más poderoso que yo, y yo no soy
digno ni siquiera de soltar la correa de sus sandalias. El es el que
ha de bautizaros en el Espíritu Santo…”

Los judíos empezaron a sospechar si el era el Cristo que tenía que
venir y enviaron a unos sacerdotes a preguntarle “¿Tu quién eres?” El
confesó claramente: “Yo no soy el Cristo” Insistieron: “¿Pues cómo
bautizas?” Respondió Juan, diciendo: “Yo bautizo con agua, pero en
medio de vosotros está Uno a quien vosotros no conocéis. El es el que
ha de venir después de mí…”

Por este tiempo vino Jesús de Galilea al Jordán en busca de Juan para
ser bautizado. Juan se resistía a ello diciendo: “¡Yo debo ser
bautizado por Ti y Tú vienes a mí! A lo cual respondió Jesús,
diciendo: “Déjame hacer esto ahora, así es como conviene que nosotros
cumplamos toda justicia”. Entonces Juan condescendió con El.

Habiendo sido bautizado Jesús, al momento de salir del agua, y
mientras hacía oración, se abrieron los cielos y se vio al Espíritu de
Dios que bajaba en forma de paloma y permaneció sobre El. Y en aquel
momento se oyó una voz del cielo que decía: “Este es mi Hijo muy
amado, en quien tengo todas mis complacencias”.

Al día siguiente vio Juan a Jesús que venía a su encuentro, y al verlo
dijo a los que estaban con él: “He aquí el Cordero de Dios, que quita
el pecado del mundo. Este es aquél de quien yo os dije: Detrás de mí
vendrá un varón, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes
que yo”.

Entonces Juan atestiguó, diciendo: “He visto al Espíritu en forma de
paloma descender del cielo y posarse sobre El. Yo no le conocía, pero
el que me envió a bautizar con agua, me dijo: Aquél sobre quien vieres
que baja el Espíritu Santo y posa sobre El, ése es el que ha de
bautizar con el Espíritu Santo. Yo lo he visto, y por eso doy
testimonio de que El es el Hijo de Dios”.

Herodías era la mujer de Filipo, hermano de Herodes. Herodías se
divorció de su esposo y se casó con Herodes, y entonces Juan fue con
él y le recriminó diciendo: “No te es lícito tener por mujer a la que
es de tu hermano”; y le echaba en cara las cosas malas que había
hecho.

Entonces Herodes, instigado por la adúltera, mandó gente hasta el
Jordán para traerlo preso, queriendo matarle, mas no se atrevió
sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía, pues estaba muy
perplejo y preocupado por lo que le decía.

Herodías le odiaba a muerte y sólo deseaba encontrar la ocasión de
quitarlo de en medio, pues tal vez temía que a Herodes le remordiera
la conciencia y la despidiera siguiendo el consejo de Juan.

Sin comprenderlo, ella iba a ser la ocasión del primer mártir que
murió en defensa de la indisolubilidad del matrimonio y en contra del
divorcio.

Estando Juan en la cárcel y viendo que algunos de sus discípulos
tenían dudas respecto a Jesús, los mandó a El para que El mismo los
fortaleciera en la fe.

Llegando donde El estaba, le preguntaron diciendo: “Juan el Bautista
nos ha enviado a Ti a preguntarte si eres Tú el que tenía que venir, o
esperamos a otro”.

En aquel momento curó Jesús a muchos enfermos. Y, respondiendo, les
dijo: “Id y contad a Juan las cosas que habéis visto y oído: Los
ciegos ven, los cojos andan, los sordos oyen, los muertos resucitan, y
a los pobres se les anuncia el Evangelio…”

Así que fueron los discípulos de Juan, empezó Jesús a decir: “¿Qué
salisteis a ver en el desierto? ¿Alguna caña sacudida por el viento? o
¿Qué salisteis a ver? ¿Algún profeta? Si, ciertamente, Yo os lo
aseguro; y más que un profeta. Pues de El es de quien está escrito:
Mira que yo te envío mi mensajero delante de Ti para que te prepare el
camino. Por tanto os digo: Entre los nacidos de mujer, nadie ha sido
mayor que Juan el Bautista…”

Llegó el cumpleaños de Herodes y celebró un gran banquete, invitando a
muchos personajes importantes. Y al final del banquete entró la hija
de Herodías y bailó en presencia de todos, de forma que agradó mucho a
los invitados y principalmente al propio Herodes.

Entonces el rey juró a la muchacha: “Pídeme lo que quieras y te lo
daré, aunque sea la mitad de mi reino”.

Ella salió fuera y preguntó a su madre: “¿Qué le pediré?” La adúltera,
que vio la ocasión de conseguir al rey lo que tanto ansiaba, le
contestó: “Pídele la cabeza de Juan el Bautista”. La muchacha entró de
nuevo y en seguida dijo al rey: “Quiero que me des ahora mismo en una
bandeja la cabeza de Juan el Bautista”.

Entonces se dio cuenta el rey de su error, y se pudo muy triste porque
temía matar al Bautista; pero a causa del juramento, no quiso
desairarla, y, llamando a su guardia personal, ordenó que fuesen a la
cárcel, lo decapitasen y le entregaran a la muchacha la cabeza de Juan
en la forma que ella lo había solicitado.

El sepulcro del Bautista, junto con los de Elíseo y Abdía, fue
venerado en la ciudad de Samaría hasta el siglo IV, cuando Julián el
Apóstata hizo que sus restos mortales fuesen diseminados. La Iglesia
católica celebra el 24 de junio el nacimiento de San Juan Bautista y
el 29 de agosto conmemora su decapitación.

Oración: “Gloriosísimo San Juan Bautista, precursor de mi Señor
Jesucristo, lucero hermoso del mejor sol, trompeta del Cielo, voz del
verbo eterno, sois el mayor de los santos y abanderado del Rey de la
Gloria; más hijo de la gracia que de la naturaleza y por todas las
razones, príncipe poderosísimo en el Cielo; Otorgadme el favor que os
pido _____, si fuere conveniente para mi salvación; y si no para mi
perfecta resignación, con abundante gracia; que haciéndome amigo de
Dios, me aseguré las felicidades eternas de la Gloría. Amén.”

El nombre JUAN: Procede del hebreo Yo-hasnam, con el significado de
“Dios es misericordioso”. Otra etimología muy cercana es la de
Jo-hanan o Jo-hannes, que significa “Dios está a mi favor”. Empezando
por san Juan Bautista, la personalidad de los santos y otros hombres
insignes que han llevado este nombre, es inconmensurable.

San Juan Bautista es el príncipe del santoral cristiano: es el único
santo del que se celebra el nacimiento y no la muerte, y su fiesta, el
24 de junio, es una fiesta solar, de luz y de fuego, decantación de
los más antiguos ritos de la humanidad en la más grande de todas las
fiestas. Mientras Jesús ocupa el solsticio de invierno (la Iglesia
optó por cambiar su titular, al ver que era imposible suprimir estas
fiestas), san Juan toma posesión del solsticio de verano porque fue
imposible erradicar las ancestrales celebraciones solares. Y fue
precisamente el hecho de la vinculación de su nombre a las fiestas más
esplendorosas y más vitalistas, lo que elevó su prestigio hasta
límites que sólo milenios de historia pueden explicar. Pero no es
gratuita la coincidencia entre el ancestral culto solar y san Juan
Bautista. El personaje es de una gran talla: es un Sol menor que abre
camino al gran Sol que es Cristo, con una firmeza que hace temblar al
mismo rey Herodes. Tenía el Bautista una misión, y nada le acobardó.
Preparaba los caminos del Señor. Era La Voz que clamaba en el
desierto. No se callaba cuando no se debe callar: cuando veía los
abusos del poder, no giraba la cabeza, aunque no le afectasen
directamente; por eso acabó su cabeza servida en la bandeja de Salomé.
Una cabeza que el mismo Herodes valoró en la mitad de su reino. San
Juan Bautista abrió de par en par las puertas del cielo a los Juanes,
que tras él entraron en legión: san Juan Evangelista, el discípulo
predilecto de Jesús; san Juan Crisóstomo, uno de los más grandes
oradores de todos los tiempos; san Juan Bautista de la Salle, fundador
de las Escuelas Cristianas; san Juan de la Cruz, el poeta que divinizó
el amor humano y humanizó el amor divino; san Juan I Papa, iniciador
de la serie de grandes papas que llegó hasta el humanísimo Juan XXIII;
san Juan de Dios, fundador de los Hermanos Hospitalarios, y así hasta
ciento veinte santos. El nombre de Juan tiene un encanto y una virtud
invencibles. Se impone con la fuerza positiva del mismo Sol, con la
viveza del fuego, con la fecundidad de la verbena. “Entre los nacidos
de mujer, nadie más grande que Juan el Bautista”.

Grupo M.A.I.S. TOLTEKAHIOTL. A.C.

“Mancomunidad de la Amerrikua Iniciática Solar”

Xalapa, Ver, México.

Edgar Jerezano Azamar “Torasyah”

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