Presencia de la mujer en la alquimia

By on julio 18, 2018

María la judía
No es la única mujer practicante del «Arte Sagrado» en tiempos lejanos. Conocemos a Theosebia, a Paphnutia y a una supuesta Cleopatra (muy dudosa) que, al parecer, se animaron a trabajar los metales y minerales con igual soltura que sus compañeros. Sin embargo es a María a quien todos parecen mostrar como grandísima maestra. Es reconocida como la «Eva» particular de la historia de la alquimia, la primera mujer alquimista. Para que se hagan ustedes una idea de su tremenda antiguedad basta decir que el vetustísimo químico Zósimo de Panápolis (siglo IV) la cita siempre en pasado, venerándola entre los que él llama «sabios antiguos», un exclusivo grupo en el que figuran Demócrito, Moisés, Ostanes, Hermes, Isis, Chymes, Agathodaemon, Pibechios, Iamblichus…… nombre míticos y pseudo-epigráficos que buscaban dar una mayor relevancia al contenido de los textos que encabezaban. El eminente historiador de la alquimia F. Sherwood Taylor comenta que(1): «Uno de ellos, María al Judía, parece corresponder, en efecto, a una persona de carne y hueso y una gran descubridora de la ciencia práctica». Esta idea de María como persona física real es la que actualmente está más extendida entre los estudiosos del tema.Tiene gran fama de diestra operativa que le viene del própio Zósimo, quien al parecer tuvo en sus manos cierta obra suya en la que se hacía una pormenorizada descripción del instrumental en los laboratorios de la época. El propio Panapolita extractó ciertas partes ese texto, siendo la más conocida aquella que se refiere a cierto aparato destilatorio denominado Dibikos o Tribikos (según tuviese dos o tres caños para la destilación). He aquí la famosa cita(2)Os describiré el Tribikos, pues así se llama el aparato construído de cobre y descrito por María, la transmisora del Arte. Ella dice:

Construir tres tubos de cobre dúctil un poco más gruesos que la sartén de cobre de un pastelero, debiendo tener la longitud aproximada de un codo y medio. Hacer tres tubos de esta clase y construir también un tubo ancho, de un palmo, con una abertura proporcionada a la cabeza del alambique. Los tres tubos deben tener sus aberturas adaptadas como un clavo al cuello de un ligero receptor de forma que se unan lateralmente a cada lado, formando uno de los tubos sólo como el pulgar de una mano y los otros dos juntos, como los dedos índice y medio. En el fondo de la cabeza del alambique habrá tres orificios ajustados a los tubos, y cuando estos encajen serán soldados en sus sitios, recibiéndo el de arriba el vapor de una manera diferente. Después, colocar la cabeza del alambique sobre la vasija de barro que contiene el azufre y tapar herméticamente las junturas con pasta de harina. Al final de los tubos deben colocarse redomas de cristal grandes y lo suficéntemente fuertes para que no se rompan bajo los efectos del calor que pueda provenir del agua situada en la mitad. He aquí el dibujo:

Tribikos

Otra atribución mucho más precaria es aquella que la identifica como inventora del «baño maría», un método para aplicar fuego a los cuerpos de manera suave y uniforme.

A la hora de plantearnos el asunto de la verdadera personalidad de esta mujer sin fantasías y ciñéndonos a testimonios puramente históricos tenemos dos supuestos:

  • Si atendemos únicamente a los datos que nos proporcionan los llamados «alquimistas griegos» sería aventurado decir que se trata de un personaje de carne y hueso. Como dice Taylor da la impresión de que sí, ya que no se le carga ningún desvarío extraño ni virtud mítica; pero Zósimo y sus contemporáneos también hablaban con total naturalidad de Hermes, Demócrito, Pibechios, Ostanes, y sin embargo todos sabemos que se trata de pseudo epigráficos. El simple hecho de que el nombre «María» sea menos fantástico que, por ejemplo, el de Agathodaemon (Demonio-serpiente), no es excusa para suponer una existencia real. La verdad es que no tenemos referencia de nadie que asegure ser contemporaneo de ella y que certifique su realidad física. Con las insuficientes referencias que aquellos «paleoquímicos» nos han legado nada se puede garantizar.
  • DE http://www.levity.com/alchemy/miriam.html VER TAMBIEN:                         https://mujeresconciencia.com/2016/10/14/la-alquimista-maria-la-judia-siglo-ii/

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